miércoles, 17 de marzo de 2010

Manual para un conductor feliz

Entre las 7 y 10 am, las calles de Lima se convierten en un purgatorio. Las críticas al pésimo sistema de vías y semaforización, además de las innumerables horas hombre perdidas, son tema frecuente en publicaciones y conversaciones amicales. La impotencia y ganas de dejar el auto y correr hacia nuestro destino nos invaden cuando, más allá del policía que se rehúsa a darnos pase, o la combi que atravesó tres carriles cerrando a cuantos se osen a hacer respetar el suyo, es corta la distancia faltante, pero larguísimo el tiempo que tomará recorrerla. Este mal es un viejo conocido, y excusarse con "el tráfico está muy pesado", tras llegar tarde a su trabajo, es tan ridículo como "la oficina me queda lejos". Por eso, amigo conductor, ante la incapacidad de las autoridades competentes, lo invito a buscar soluciones de corto plazo para lidiar con este mal.

Optimice su tiempo dentro del auto, siguiendo el sabio consejo de ocuparse en vez de preocuparse. Durante las largas luces rojas, o indiferentes espaldas policiacas, perfeccione el nudo de su corbata, córtese las uñas. Dese el tiempo que su agenda no le concede, y llame a aquel amigo o familiar que ha dejado relegado. Probablemente, su abuelita sea la única que esté despierta y desocupada a esa hora, y a quien más alegre su llamada. Escuche programas noticiosos e informativos que le entretendrán e introducirán un diario impreso al cerebro a través de sus canales auditivos, en vez de permitir que su género musical de preferencia acelere sus pulsaciones matutinas, sumando a su estrés al volante. Puede también cumplir su sueño de justiciero y vengador de malhechores motorizados. Bajo ningún motivo deje entrar a la fila al vivo que lo haya adelantado por fuera, pretendiendo pasar por encima del resto hasta el principio de la misma. Asome una punta de su auto al carril por donde pretendan adelantarlo, impida el paso, baje su ventana y vocifere algo como: "¡Haz tu cola, sinvergüenza! ¿No ves que por tu beneficio, perjudicas a muchos, y causas un daño más grande?" (Abierto a modificaciones, según su estado de ánimo).

Salga más temprano. No solo llegará antes a su destino, sino que además le tomará menos tiempo hacerlo. El tráfico es exponencial, conforme se va haciendo más tarde, aumenta la carga vehicular, una complicación causa otras y el tráfico se potencia. Al haber más carros, hay más probabilidades de accidentes, más probabilidades que se bloqueen carriles, y menos espacio para el ya pesado tránsito, descoordinados entre sí, y que hacen caso omiso a largas colas de autos, que llegan a bloquear intersecciones de vías transversales, que a su vez bloquean otras calles. O, por último, ante la desesperación y pánico que genera el tráfico, algunos conductores arremeten por inventar su propio camino, roban unos metritos del desierto carril contrario, para darse con la sorpresa que no todos los conductores van en la misma dirección, y cuando frente a frente alguno de los dos carros quiere salvar el caos y retroceder, ya es demasiado tarde, se convirtieron en los primeros de dos filas enfrentadas y el tránsito pasó de ser purgatorio a calvario.

El día en el que la mayoría de conductores opte por salir más temprano de casa, se habrá conseguido adelantar el tiempo; el caos se habrá trasladado a horas aún más tempranas. Entonces podré despertarme, salir más tarde, y llegar a mi trabajo a tiempo, luego de que el caos se haya calmado y usted lo haya sufrido. Sin embargo, hasta que llegue ese lejano día, y la gran mayoría prefiera los minutos adicionales de sueño que el tránsito fácil, será la precavida minoría la que logre ser conductores felices, pasando menos tiempo sentado al frente del volante, en vez de cortarse las uñas, ajusticiar infractores, conversar con su abuelita, o andar maldiciendo contra conductor que se cruce, y alcalde de cuanto distrito atraviese.