Se ha celebrado a las redes sociales como útiles herramientas, divertidos pasatiempos y hasta fortalecedores de democracias; pero poco se ha advertido sobre su posible rol de debilitador de democracias y las potenciales amenazas que posan sobre la libertad de sus usuarios. Una vida laboral sin correos electrónicos o motores de búsqueda, se hizo inimaginable hace varios años; los demás aspectos de la vida, su libertad y su privacidad, hoy, peligrosamente se dejan invadir por las redes sociales. La información personal que se vierte sobre la red, convierte a un ciudadano en carne de cañón ante quien quiera indagarlo. Se ha escrito sobre las consecuencias que han sufrido empleados ante sus jefes, maridos tramposos ante sus mujeres, pero ¿qué podría sufrir un ciudadano políticamente activo ante un gobierno antidemocrático?
Son más saltantes a la vista los elementos positivos de la red social Twitter, que los potencialmente castrantes. Sus usuarios intercambian mensajes de 140 caracteres (“tweets”), que varían desde vínculos a artículos de noticias ingresadas por CNN o Ajá; a llamados a la opinión pública por Barack Obama, sobre reformas legislativas, operando como canal de consulta directa. Los usuarios de Twitter, veneran la creación de comunicación político-ciudadano, celebridad-fan, usuario-usuario. En el país Twitter, Ashton Kutcher derrota a CNN en una carrera al millón de seguidores, Juanes llama H1J0D3PU7A a Hugo Chávez, y existe igualdad de acceso a la información y libertad de expresión. Twitter pareciera ser un enemigo para los gobiernos autoritarios y censuradores: Chávez ya amenazó con prohibirlo en Venezuela, por ser “un instrumento de terrorismo”.
Las redes sociales, sin embargo, están lejos de ser el nuevo cuarto poder. Mientras revisaba mis correos, leí un título amenazante que parecía ser sacado del “
Son diversos los usos que un gobierno iliberal puede darle a una red social y las formas en las que puede transformar un contrapeso a su poder, en un arma a su favor. El FBI se adelantó en este campo, cuando en octubre del año pasado, ingresó al hogar de un hombre acusado de organizar una protesta contra el G-20 en Nueva York, en busca de evidencia incriminadora. Siguiendo esta línea, de haber existido a lo largo del siglo pasado, Twitter le habría facilitado mucho el trabajo a
El camino internauta que navegan las vidas sociales, activistas políticas, e íntimas, no es saludable. La legislación sobre el derecho a la privacidad y su violación deberá modernizarse. Mientras llegue ese lejano día, aproveche las medidas de privacidad que existen en estas redes, piense dos veces qué desea publicar, y no escriba en los muros de sus amigos, o en sus “tweets”, lo que no gritaría a todo pulmón en medio de una transitada plaza. Nunca sabe quién está observando… o siguiéndolo en Twitter.
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