jueves, 30 de septiembre de 2010

Villarán almuerza caviar

(Originalmente publicado el 30 de agosto del 2010)

En las épocas de Bayly y Mariátegui como referentes y estandartes de opinión política, en las que el cinismo y el sarcasmo garantizan tiraje y rating, la creatividad y el humor a través de sobrenombres y apelativos, dan forma al pensar popular de un pueblo. La influencia que ejerce el humor sobre la política, estuvo en el centro de la polémica hace unas semanas en Brasil, donde se prohibió hacer imitaciones y burlas de los candidatos a la presidencia hasta después de las elecciones. En el Perú, la pesada carga que arrastran apelativos como Alberto “Peaje” Kouri, Alejandro “Etiqueta Azul” Toledo, “Mudito” Castañeda, o Susana “Patria Roja” “Tía Bacán” Villarán, difícilmente le permite a su víctima zafarse del estereotipo en que se ve encasillado en la conciencia colectiva. A raíz del alza de la popularidad de Susana Villarán, el viejo término de la Izquierda Caviar ha sonado fuerte, buscando explicar la base de apoyo de Fuerza Social. ¿Qué es la Izquierda Caviar? ¿Es realmente la base de apoyo de Susana Villarán?

El término es auto-explicativo, ser de Izquierda Caviar, o solamente “Caviar”, es ser de izquierda y albergar principios de justicia y redistribución social, y comer caviar, es decir darse lujos, y gozar de una calidad de vida superior a la del “proletariado”. Mariátegui es quien más se ha esmerado en formar este estereotipo, y ha adjudicado, en mi opinión, características que exceden el alcance negativo al que apuntaba este apelativo en su origen. Si bien, la descripción de la vestimenta y actividades que realiza la Izquierda Caviar es acertada, su columna “Sueño Caviar” exagera la típica caricatura de la contradicción e incoherencia ideológica, incorporando al estereotipo características de estafador y timador.

Adjuntar a una ideología tendencias de corruptibilidad es desacertado. Existen tantos corruptos de derecha como de izquierda, y si bien pueden trazarse características comunes dentro del universo de corruptos, difícilmente sean estas ideológicas. Por otro lado, lo muy criticable de esta Izquierda Caviar, convencida por Bayly (quien irónicamente ha declarado en más de una vez creer en lo principios de derecha y libre mercado) de votar por Susana Villarán para alcaldesa de Lima, es la hipocresía que denota su apelativo.

Las propuestas de Susana “Patria Roja” Villarán con que se ganó a Bayly, y a través de Bayly al caviarado que hoy es su gran base, catapultándola al 19% que ostenta en intención de voto, fueron las de la legalización de la marihuana y la legalización del matrimonio gay. Ambos temas escapan al sentir común de la izquierda. La liberalización, y todo el sentir libertario, es una corriente que emana de la libertad de mercados, y ha sido abolida en las máximas representaciones de gobiernos de izquierda. Por ejemplo, los estados socialistas, son impositivos en su tarea de redistribuidores, cuando asignan tasas de producción, sueldos, y subsidios, moldeando y decidiendo la vida del ciudadano, castrándolo de su propia libertad de hacerlo (ni he mencionado temas de libertad de prensa, expresión, afiliación política, etc).

Cabe entonces preguntar si ser de izquierda y estar a favor de los temas de la liberalización es coherente. Sin mucha vuelta que darle, queda claro que no lo es. ¿Es lógico que una candidata plantee ser izquierdista y favorecer la liberalización? Económica e ideológicamente, no, pero como estrategia política, tiene mucho sentido. A quien Susana Villarán apunta, y hoy catalogamos como “Izquierda Caviar”, es el ciudadano rebelde. Es el voto de protesta, el voto reprimido, el voto del que le gusta quejarse, y el resentido. No es de izquierda, ni de derecha, simplemente es un adolescente (o veinteañero, y post treintas en la minoría pero más tristes casos) rebelde – no es coincidencia que sea el mismo sector que apoya a Bayly en las encuestas presidenciales.

Además, ambos temas (legalización de la marihuana y el matrimonio homosexual) escapan a las competencias de un alcalde, y el que Villarán las use como caballito de batalla, demuestra una clara intención de manipulación al electorado. La “Tía Bacán” conoce (o debería conocer) qué facultades tiene un alcalde, y entonces cabe preguntar por qué repite estas propuestas irrelevantes a un Gobierno Municipal. Susana Villarán sabe que sus fans caviares, no representan el voto de la izquierda política e instruida que existe en el Perú, sino el del estudiante de arte, teatro, antropología, o publicidad de la PUCP o UMNSM, que poco conocimiento tiene de política y economía, y entonces se aprovecha. Pues como decía antes, este público objetivo es caviaroso en su incoherencia. Emana críticas sociales, económicas, y políticas, recalca lo mal que estamos y lo mal que está “el sistema”, y al mismo tiempo le corre al reto de enfrentarse al campo del desarrollo, la reforma y la política, refugiándose en carreras artísticas (que aunque respeto y valoro, dudo tengan impacto socioeconómico alguno), vestimenta alternativa, y actitud “liberal”.

No dudo que dentro de ese 19%, hay al menos un 1%, que no es incoherente, ni hipócrita, ni rebelde, y sí ha leído el Plan de Gobierno de Fuerza Social, y entonces es simplemente muy olvidadizo o ignorante. Todo es posible, y en el realismo mágico en que a veces se desarrollan las elecciones en el Perú, puede ser que después de las tragedias que vivimos en los gobiernos popu-izquierdistas de Velasco y Alan García, se crea que las organizaciones vecinales, la politización de El Vaso de Leche, el fortalecimiento de las bases de Sendero, y el renacimiento de agitadores del SUTEP, reducirá la corrupción, y le hará bien al desarrollo y orden de Lima Metropolitana. Y como previendo que en quienes debe concentrarse es en el otro 18%, Susana hoy se aseguró a sus groupies, prometiendo que en su Lima “de la mano del vecino” los grafiteros y el hip-hop gozarán del valor y respeto que se merecen (sic).

jueves, 2 de septiembre de 2010

La consulta y el fin de la Cultura Parche

A más de un año de los sucesos de Bagua, el imperio de la ley volvió a ser puesto en jaque gracias a la falta de prevención de parte del Estado y a la deficiente estrategia comunicacional del sector privado. El foco vuelve a ser la inversión foránea en recursos naturales, y la desinformación en la población vecina. La tensión en Quillabamba en torno a la exportación del gas, evidenció que el Estado se rehúsa a aplicar lo aprendido, o no aprendió, sobre consulta y prevención. Esta resistencia o incapacidad, pone en serio riesgo al país.

El año pasado murieron más de treinta peruanos, y solo después se dialogó y se propuso. Se repitió el fenómeno en Islay, cuando se desinformó sobre el proyecto Tía María y la contaminación de acuíferos, y el Estado y el empresariado interesado desaprovecharon la oportunidad de demostrar que aprendieron que es preferible prevenir que remediar. Con el fin de que consensuen Estado, inversionista, y población afectada, sobre proyectos de exploración y extracción, se elaboró la Ley de Consulta Previa. Ley que hoy es reevaluada, paradójicamente, por su extensión a poblaciones no indígenas, como con la que el Premier dialogó en La Convención, obligado a poner el parche, después de semanas de manifestaciones.

Esta renuencia se explica por un erróneo análisis costo-beneficio. Es menos costoso identificar y canalizar esfuerzos hacia un conflicto ya existente, que hacia una posibilidad lejana. A nivel del Partido, resulta improductivo solucionar problemas que no han ocurrido; capturar al asesino da más prensa que convencerlo de no disparar. El costo de no consultar, sin embargo, ha sido siempre más alto. A falta de un canal de comunicación que sirva a la inclusión, el marginado opta por las vías radicales, como la armada en los 80s y 90s; costosísimas para los peruanos. Además, cuando a la interrogante “¿cómo me afecta la obra que presencio?” no hay respuesta de los principales stakeholders (inversionista y Gobierno), personajes con intereses ajenos al esclarecimiento de la verdad, llenan ese vacío. Una estrategia de prevención se anticiparía a la desinformación y la inquietud que genera.

De una tragedia que costó 34 vidas, parece haberse aprendido poco. Los costos de consultar son excedidos por los de no consultar y excluir –y lo entendemos solo después de haber sufrido estos últimos costos. Es urgente la aprobación y extensión de una Ley de Consulta. Para que se valore al beneficio de evitar costos a largo plazo por sobre los costos de inversión en consultar, queda pendiente el cambio de la cultura parche por la de prevención. La inclusión y estabilidad social significan mayor y entendida inversión y su eficiente redistribución, y sientan sólidas bases para el desarrollo. La Consulta Previa es un gran paso hacia el fin de la cultura parche, que prioriza picos en encuestas sobre favorables páginas de historia.