(Publicado originalmente el 24 de junio del 2011 en Gestión)
En las últimas semanas, la polarización y tensión política y social han alcanzado picos alarmantes. La hostilidad más notoria y extrema se ha manifestado en las redes sociales a través de comentarios de tenor racista y clasista. Sin embargo, poco se ha dicho sobre la intolerancia e incomprensión hacia el voto anti-Keiko Fujimori en el sector AB que resultó siendo determinante en estas elecciones.
Parte del estrato acomodado del país, de pensamiento bastante homogéneo, acusa a la minoría del AB que votó por OH de haber "entregado" el país con su voto "incoherente". "Incoherentes" porque siendo un sector que goza del crecimiento económico del modelo actual, han votado por quien lo amenaza.
El voto en blanco o viciado no se ha salvado de la cacería. Ha sido señalado como un voto "cobarde" por no manifestar una preferencia por uno ni por otro ante la inevitable elección entre dos diferenciables candidatos.
Los críticos de estos votantes no han comprendido (o querido comprender) sus argumentos, o simplemente los han considerado inválidos, dejando en evidencia su incapacidad de empatía. Se trata de una preocupante dificultad o resistencia para comprender que lo que para uno resulta importante, para otro puede no serlo tanto. Debemos aceptar que es posible y válido que a un ser completamente racional le genere mayor utilidad o satisfacción ejercer un voto "digno" que votar por un modelo económico, o que le dé completamente igual.
Si todos tuviéramos los mismos parámetros y valores, no habría por qué elegir, y más bien podríamos someter a los candidatos y sus variables a un filtro automático que decida por nosotros. La función de utilidad de cada individuo es subjetiva y personal, pues varía de acuerdo a la interpretación y peso que le otorgue a cada una de las variables. El significado de variables como ‘dignidad’ y ‘seguridad económica’ puede variar muchísimo entre dos votantes, así como el valor que estos le asignen a cada una.
A quienes votaron en blanco o viciado les resulta más perjudicial votar por cualquiera de dos candidatos que repugna, que abstenerse de votar y dejar la elección presidencial en manos de otros. Para ellos la variable ‘dignidad de voto’ se maximiza con un voto blanco/viciado y pesa más que las de ‘modelo económico’ o ‘modelo político’. Para otros, la variable ‘dignidad de voto’ puede maximizarse en forma distinta, o simplemente tener poco o ningún peso.
En ese sentido, al emitir un voto egoísta, el ciudadano está cumpliendo a la perfección con su rol participativo en democracia. Cuando todos emitimos votos de acuerdo a nuestras propias funciones de utilidad, nuestros egoísmos confluyen y el resultado de nuestras votaciones es el que maximiza la utilidad total de la sociedad; así funciona una democracia.
Luego de un proceso político tan reñido, abundan las posibilidades de que nos crucemos con ciudadanos que razonen distinto a nosotros. La intolerancia y prejuicio conllevan a la polarización y esta impide que nos concentremos en alcanzar los objetivos compartidos que podamos tener. Debemos ser empáticos, y tolerar y valorar la racionalidad de los demás por igual que la propia para poder concentrarnos en fijar metas comunes y no profundizar fracturas.
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