(Publicado originalmente el 21 de enero del 2011 en Gestión)
Se ha celebrado a las redes sociales como útiles herramientas, divertidos pasatiempos y hasta fortalecedoras de democracias; pero poco se ha advertido sobre su posible rol de debilitador de democracias y las potenciales amenazas que posan sobre la libertad de sus usuarios ciudadanos. Conforme vamos dejando que las redes sociales invadan nuestras vidas, vertiendo información personal en la red, voluntariamente nos convertimos en carne de cañón para quien quiera indagarnos. Se ha escrito sobre las consecuencias que han sufrido empleados ante sus jefes, maridos tramposos ante sus mujeres, pero ¿qué consecuencias podría sufrir un ciudadano política y cibernéticamente activo ante un gobierno antidemocrático?
Son más saltantes a la vista los elementos positivos de la red social Twitter, que los potencialmente castrantes. Sus usuarios intercambian mensajes de 140 caracteres ("tweets"), que varían desde vínculos a artículos de noticias ingresadas por CNN o Ajá; a llamados a la opinión pública por Barack Obama, sobre reformas legislativas, operando como canal de consulta directa. Los usuarios de Twitter veneran la creación de comunicación político-ciudadano, celebridad-fan, usuario-usuario.
En el país Twitter, Ashton Kutcher derrota a CNN en una carrera al millón de seguidores, Juanes llama hijo de p… a Hugo Chávez, y existe igualdad de acceso a la información y libertad de expresión. Twitter pareciera ser un enemigo para los gobiernos autoritarios y censuradores: Chávez ya amenazó con prohibirlo en Venezuela, por ser "un instrumento de terrorismo".
Leí un título amenazante que parecía ser sacado de "1984" de Orwell: El Partido Nacionalista (o bien pudo ser "El Gran Hermano") is now following you on Twitter. Pues esta red social no sólo permite que el usuario se entere de cómo actúa su gobierno; también permite al gobierno enterarse de cómo actúan sus ciudadanos.
A diferencia de la televisión o los diarios, las redes sociales son canales de doble sentido. Podrían llevar a gobiernos autoritarios y antidemocráticos a la conclusión de que el beneficio de ejercer un mayor control sobre su población, excede al costo de que esta esté comunicada e interconectada. Por ende, es de suponerse que si además de ambiguo hacia los principios democráticos, el gobierno de turno es espabilado en cuanto al control del cual la tecnología lo provee, las redes sociales se salvarían de correr la misma suerte que corrió RCTV en Venezuela.
Son diversos los usos que un gobierno iliberal puede darle a una red social y las formas en las que puede transformar un contrapeso a su poder, en un arma a su favor. El FBI se adelantó en este campo, cuando en octubre del año pasado, ingresó al hogar de un hombre acusado de organizar una protesta contra el G-20 en Nueva York, en busca de evidencia incriminadora. Siguiendo esta línea, de haber existido a lo largo del siglo pasado, Twitter le habría facilitado mucho el trabajo a
El camino internauta que navegan las vidas sociales, activistas políticas, e íntimas, no es saludable. La legislación sobre el derecho a la privacidad y su violación deberá modernizarse. Mientras llegue ese lejano día, aproveche las medidas de privacidad que existen en estas redes, piense dos veces qué desea publicar, y no escriba en los muros de sus amigos, o en sus "tweets", lo que no gritaría a todo pulmón en medio de una transitada plaza. Nunca sabe quién está observando… o siguiéndolo en Twitter.
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