(Publicado originalmente el 15 de abril del 2011)
El verdadero peligro para nuestra democracia no gira en torno a la muy limpia y transparente victoria de los candidatos que pasarán a segunda vuelta. En realidad, a nuestra democracia la pusimos en riesgo durante los 5 años previos al voto antisistema. La ponemos en riesgo cuando culpamos de antidemócratas a quienes legítima y democráticamente emitieron un voto distinto al nuestro. Aquí, un intento de explicación a cómo arriesgamos nuestra democracia, y cómo podemos cuidarla.
La polarizada caricatura de una victimizada minoría "culta" que es arrastrada por una "ignorante" mayoría es antidemocrática en dos sentidos:
1) Representa el sentimiento de superioridad de un grupo ante otro, y la consecuente desestimación del derecho ciudadano del grupo "inferior".
2) Además, revela que aquella minoría "superior" pretende eximirse de culpas, y liberarse de las responsabilidades que en democracia tenemos los ciudadanos para con nuestra nación y conciudadanos.
Creer que el nivel intelectual de una persona determina su voto es incorrecto y peligroso. El voto es la expresión legítima a la que cada ciudadano tiene igual derecho. El domingo pasado, 20 millones de peruanos se manifestaron. Un tercio del país fue coherente –y no "ignorante"– al indicar en las urnas que no conoce el internacionalmente reconocido crecimiento económico de su país.
Que el domingo una mayoría haya preferido optar por el cambio, no es el problema sino un mero indicador; el problema son los 5 años previos, durante los cuales el frío mató a niños y
En democracia, nadie está exento de la responsabilidad de lo que ocurre en su país. Un malestar generalizado pone en juego una democracia al generar frustración y resentimiento, semillas de golpismo o terrorismo. Nadie puede desentenderse cuando hay tanto que perder.
Entonces, al ciudadano que anhela la continuidad del modelo político y económico le compete tender la mano a quienes no experimentaron el chorreo y el gobierno no acogió. Para ello, existen distintas avenidas de participación ciudadana. Una importante alternativa son las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), que fomentan el bien social, en rubros como educación, vivienda y medio ambiente, cuando no basta con la obra gubernamental.
El ciudadano puede canalizar su interés y preocupación por el rumbo del país a través de ellas. Pues, al dedicarse a actividades no lucrativas, las ONG necesitan aportes privados de la misma manera que un Estado necesita impuestos. Ante la pasividad del gobierno, estas organizaciones ofrecen una prometedora alternativa para hacer que el modelo funcione para todos. Aportar a ellas es una cómoda y efectiva alternativa para el ciudadano que desea activar su rol participativo, pero no sabe cómo o carece de tiempo para ello.
Para conservar nuestra democracia debemos entender que el voto es la expresión legítima del ciudadano sobre su experiencia quinquenal. No debemos preocuparnos una vez cada 5 años, sino ocuparnos a lo largo de ellos en traducir los incrementos en el PBI en mejoras para la mayoría de hogares peruanos, para lo cual las ONG son una opción considerable.
Una democracia asegura que su ciudadanía reciba el gobierno que se merece. Seamos dignos de ella.
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