jueves, 25 de agosto de 2011

Ensayo y error: Degustando candidatos

(Publicado originalmente el 22 de marzo del 2011)

En pleno laberinto electoral, el bombardeo publicitario en forma de paneles y declaraciones entorpece la labor de escoger la senda correcta. Los electores nos preguntamos cuál es la mejor forma de escoger, y los candidatos se preguntan cómo hacer que los escojamos, así crean o no ser el mejor.

Ante la necesidad de estar mejor informados, buscamos atajos para llegar a una información óptima sin tener que dedicarle excesivo tiempo a ello. El candidato provee una pésima opción a través de paneles.

Entonces recurrimos a debates entre candidatos, hasta acusar que en ellos se exponen mas no se debaten propuestas, o que los debates son teóricos y no demuestran lo tangible o beneficioso que sería la ejecución de una propuesta.

Como en el libre mercado, el votante o consumidor está sujeto a la información que el candidato o productor, y los medios, expongan. A diferencia de un consumidor, sin embargo, los votantes no utilizamos herramientas para ‘degustar’ lo que vamos a comprar.

Ante esta carencia, el candidato saca provecho y publicita eslóganes irrelevantes que resaltan características físicas del candidato; o promesas irrealizables para un político, como convocar a la selección a un futbolista suspendido.

Ante las imperfectas avenidas de información de nuestra democracia, alternemos por imitar una opción de mercado o de sentido común; ensayo y error. No basamos nuestras decisiones solo en publicidad; hacemos prueba de rodaje antes de comprar un auto, compramos el queso que ya nos gustó antes, y tocamos el agua con la mano antes de entrar a la ducha.

Al electorado le resultará innecesario hacerle prueba de rodaje a Keiko, o tocar a PPK (con la excepción de un par de ‘manolargas’), pero la evaluación de su labor frente a cargos similares o idénticos a los que postula debería ser determinante.

A falta de máquinas de tiempo que nos transporten al futuro para evaluar el gobierno que se nos viene, utilicemos la memoria para viajar al pasado y hacer lo mismo; ensayo y error. Escogimos a un presidente: ensayo. El presidente reúne la aprobación de solo el siete por ciento de la población: error. Siguiente elección, siguiente candidato por favor.

De manera similar los candidatos pueden explotar estas facetas ante el electorado. Keiko podría recalcar sus logros durante su (in)asistencia al Congreso, y PPK los suyos como titular de la PCM, del MEF, y de su ONG Agualimpia. Piñera, por ejemplo, basó su promoción como candidato presidencial en sus éxitos en el sector privado; los resultados le favorecieron.

Y si al candidato no le favorecen, o no tiene, antecedentes relevantes, que los cree. La campaña electoral es un gran momento para ‘degustar’ las ideas que los candidatos proponen, y la forma en que ellos las ejecutarían.

Toledo canalizaría los 2.5 millones de soles que gastó en publicidad, en lanzar un proyecto piloto del Banco de la Esperanza y probar su esquema de microcrédito en algún pueblo del país. PPK utilizaría su millón de soles para suplir un punto porcentual del IGV a empresarios informales, si es que estos aceptaran formalizar su negocio. Así, las grandiosas promesas que leemos en paneles u oímos en debates, aterrizarían al campo de lo observable y evaluable. En vez de prometer a través de volantes, el candidato tiene la opción de demostrar su metodología, capacidad de ejecución, y resultados.

Sin embargo, la cobertura mediática sería necesaria para que estos esfuerzos de candidatos presidenciales calen en el electorado nacional. Mientras existan ciertas ataduras entre medios y partidos, algunos candidatos recibirán solo la publicidad que ellos se paguen. Este método de campaña es más aplicable a elecciones parlamentarias o municipales, en las que el ojo vecino y la radio bemba suplen a los medios.

El candidato no incurrirá en gastos adicionales, el votante tomará una mejor decisión, y el ciudadano de a pie no solo vería eliminada la contaminante publicidad, sino que además se vería directamente beneficiado por estas simulaciones. Todos ganan.

Los candidatos no se preguntarán cómo convertirse en la elección del votante, sino cómo ser la mejor elección, demostrando en el ensayo que no son el error, sino la solución.

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