lunes, 26 de septiembre de 2011

El paso que hace falta dar: institucionalidad


Durante el último par de semanas se han presentado reconocidas publicaciones de indicadores internacionales de desarrollo. En el Índice de Competitividad Global del WEF retrocedimos en calidad institucional. En la también reciente Encuesta Global de CEO de PWC, el Perú ha sido desplazado por Colombia del segundo lugar preferido para inversiones en Latinoamérica. A su vez, Colombia mejoró tres posiciones en el pilar institucional del Índice del WEF. La evidencia sugiere una relación entre la intención de inversión en un país y su calidad institucional.

¿Qué es la institucionalidad? Según el Premio Nobel Douglas North es el marco de normas que regulan el comportamiento de una nación o sociedad. Dado que vivimos en un mundo de información incompleta, las instituciones deben proteger y garantizar la seguridad de nuestros intercambios y transacciones. El cumplimiento de contratos, la protección de los derechos de propiedad, la predictibilidad, la transparencia y la mínima arbitrariedad con que actúa el sector público son las más importantes instituciones.

¿Cómo afecta a la inversión? Por la misma razón que se prefiere no construir en zonas de fallas geológicas, un empresario no haría negocios en países de cuestionable institucionalidad: existe un alto riesgo sobre la inversión. La garantía de estabilidad emana no solo de la solidez de fundamentos, sino también de las actitudes y coherencia de gobernantes, y la confianza que estos proyectan. Un país atractivo a la inversión no debe solo presentar un marco seguro hoy, sino garantizar su continuidad.

La pobre institucionalidad y la falta de garantías de continuidad de marcos seguros espantan la inversión y consecuentemente frenan el crecimiento. No es coincidencia que los países de mejor calidad institucional según el WEF, hayan presentado un promedio de variación positiva o negativa anual del PBI de solo 2%, mientras que el crecimiento de las diez economías de más baja institucionalidad es mucho más volátil e impredecible, variando 6% anualmente. El promedio de variación anual peruana es de 4.3%, mientras que el de Colombia es de 2.5%.

¿Cómo se manifiesta la falta de institucionalidad en el Perú? A través de la incertidumbre que existe sobre el respeto a los contratos, la inversión privada, los derechos de propiedad y la calidad de las organizaciones responsables de su cumplimiento. Recientemente, nuestra pobreza institucional se ha manifestado en la irresolución sobre el lote 88, la ambigüedad sobre el gravamen minero, litigios Estado vs. privados (DP World y Bear Creak), cuestionados nombramientos y licitaciones (Olmos y Tren Eléctrico), y casos de corrupción (faenones pesqueros). Una consecuencia igualmente reciente y palpable es la resistencia de las AFP a invertir junto con el Estado en infraestructura por temor a cambios en las reglas de juego.

¿Cómo mejorar la institucionalidad, ser atractivo a la inversión, y mantener el crecimiento? El Banco Mundial recomienda la creación de la carrera pública meritocrática, capacitación permanente y remuneración competitiva. Además se necesita mejorar articulación entre gobierno central y subnacionales, y la capacidad de gestión de estos últimos, así como también reducir la el grado de discrecionalidad en cargos públicos. Final y muy importantemente, la coherencia en acciones debe verse respaldada por un discurso coherente y consistente, que lejos de ser una carga con la que los fundamentos económicos deban cargar, le sirva de aliado para el crecimiento.

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