martes, 29 de noviembre de 2011

Ejemplo mayor


A raíz de la incertidumbre y penumbra que durante semanas rodeó al Colegio Mayor (CM) y de la especial cercanía que tengo con el proyecto y sus bondades, creo oportuno analizar las críticas que recibe como modelo de educación y programa de desarrollo.

Sus detractores esbozan argumentos que también son reproducidos en otros sectores de la administración pública: "distrae el presupuesto de los programas que buscan cerrar brechas educativas (o de salud, infraestructura, etc.)".

La redistribución vehemente de pobres servicios ya significó suficiente atraso en el pasado. La calidad y la redistribución son importantes; deben reforzarse, no enfrentarse. La solución no es matar programas como el CM, sino en expandir su impacto.

Las escasas y ambiguas declaraciones del Ministerio de Educación (Minedu) sobre la continuación del CM generaron zozobra, en especial entre los 600 alumnos que continuarán allí su educación en el 2012. Recién hace tres semanas, con un mes de retraso y tras una considerable presión mediática, se confirmó la convocatoria y continuidad del colegio. No obstante, los argumentos que las autoridades oficialistas deslizaron durante el tiempo de humareda y ambigüedad, develan una filosofía sobre la cual debemos posar los lentes analíticos. La toma de decisiones debe obedecer a argumentos, y no a presiones externas, como las mediáticas.

La crítica al CM y demás proyectos costosos sostiene que la alta inversión que estos significan debe esparcirse entre todos los ciudadanos. La redistribución del presupuesto público en el Perú ha significado servicios de pobrísima calidad. En todo caso, la crítica es inexacta: el presupuesto público no es escaso con relación al nivel de gasto.

Al tercer trimestre de este año, el Ministerio de Educación ejecutó un tercio de su presupuesto anual; el CM no "quitó" recursos a otros programas. Además, los sobrecostos son fácilmente reducibles: el CM paga S/. 6 millones en alquiler y el local es propiedad del mismo Minedu. Los buenos proyectos deben ser costo-eficientes, no eliminados por completo.

Irónicamente, la insuficiente ejecución presupuestal (menor al 15% en algunas regiones al pasado trimestre) se debe, en parte, a la falta de alternativas de inversión social de comprobado impacto, o a la incapacidad de saber identificarlas. Es por ello que proyectos de resultados comprobados como el CM (278 graduados, 273 ingresos a educación postescolar, y más de 70 becas en un año) deben conservarse. El deseo de inventar la pólvora cada quinquenio significa discontinuidad y pérdida de valioso tiempo. El esfuerzo y aporte debe ser por perfeccionar logros existentes en beneficio de la población.

Esto no significa que dos o cinco CM solucionarán nuestros problemas educativos. Si bien los proyectos de calidad son sostenibles y benefician al total de la sociedad en el largo plazo, estos son insuficientes, pues relegan la satisfacción de necesidades inmediatas de la mayoría. Por ello deben combinarse acciones de largo plazo e impacto profundo, con medidas de corto plazo, reconociendo a las últimas como alivio temporal. La duración de estos programas debe darse en función al ritmo de reproducción de los proyectos de alto impacto. Los esfuerzos deben centrarse en que los proyectos de alto impacto sean costo-eficientes, y acelerar y repercutir su impacto, acortando los plazos de los programas asistencialistas y de alivio, y haciéndolos cada vez menos necesarios.

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