La crisis global actual
trae riesgos pero también grandes oportunidades que nuestro Gobierno pareciera
querer echar a perder. La caída de los mercados desarrollados y el enfriamiento
de China han obligado a los inversionistas a buscar nuevas plazas. Gracias a su
alto crecimiento, las economías latinoamericanas son naturales alternativas. No
obstante, en el contexto de alta competencia intrarregional por atraer
capitales huérfanos, un próximo desliz de nuestra clase política podría
resultar catastrófico.
De acuerdo al último plan
de gobierno u "Hoja de ruta" y el Marco Macroeconómico Multianual del
MEF, el crecimiento económico es prioridad. Sí, con inclusión social, pero reconociendo
que se necesita crear riqueza para poder distribuirla y que la inversión
privada es vital para ello. "Cada 4 puntos porcentuales de variación en
inversión privada repercute directamente en uno del PBI", dice el MEF. Entonces,
uno esperaría–y no ve–esfuerzos gubernamentales por conquistar a estos
capitales ambulantes.
Toda decisión de
inversión depende principalmente de dos variables: retornos y riesgo. Preliminarmente,
los inversionistas han acudido a los mercados que mantienen alto crecimiento
durante la crisis. Sin embargo, la diferencia entre las economías en las que se
vaciarán capitales y las que salgan solo a trapear los excesos dependerá del
grado de riesgo que arrastre cada una. No basta seducir con crecimiento, debe
garantizarse predictibilidad y sostenibilidad.
Si bien mantenemos
reconfortantes fundamentos económicos, la lamentable actuación de la clase
política está empezando a pasarnos factura. Venimos cayendo en rankings de
preferencia y facilidad para invertir– ayer nos superó Chile y nos alcanzó
Colombia en el, hasta entonces favorable, ranking Doing Business.
Las páginas políticas de
cualquier diario empiezan a cumplir un rol de repelente de inversiones. Las
contradicciones y desautorizaciones entre ministros y los escándalos de
corrupción son nuestro pan de cada día. Más gravemente, las autoridades siguen
deslizando comentarios referentes a la modificación de la Constitución. ¿Con
qué cara podemos luego salir a captar inversionistas que buscan garantías de
marcos jurídicos estables?
Mientras tanto, nuestro
más cercano competidor, Colombia, escala en todos los índices en los que
venimos cayendo. En el país vecino, no se ven divisiones u oscilaciones en el
discurso público impulsadas por intereses políticos particulares, quizá por la
unidad política que se forjó para derrotar al narcotráfico. Esto le ha valido
ser considerado uno de los Civets (los nuevos BRIC) por The Economist. Hoy,
Colombia tiene las condiciones para convertirse en el principal destino de
inversión en la región, hacernos sombra y dejarnos sin inversión, sin
crecimiento y sin inclusión social.
No es demasiado tarde. La
crisis en los mercados desarrollados durará por lo menos un año más; suficiente
tiempo para enderezarnos y competir por capitales. Debe despolitizarse los
intereses del Gobierno, reemplazando partidarios por técnicos en direcciones
claves. Debe mejorarse la comunicación dentro del ejecutivo y mantener una sola
y coherente línea hacia afuera. Por último, debe mejorarse la labor de
filtración y fiscalización en las listas parlamentarias, y ahorrarnos el
constante bochorno que nos significa nuestro Parlamento.
Señores políticos de
distintos partidos, direcciones y ministerios: Los intereses del Perú están
antes que los suyos.
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