martes, 31 de enero de 2012
A diálogo frustrado, teatro interactivo
En el contexto de deficiente comunicación Estado-comunidad y empresa-comunidad, y de los conflictos que ella suscita, es necesario revaluar las actuales estrategias de comunicación, y considerar su reforma. El enfoque de “teatro interactivo” es innovador y cubre las carencias de las estrategias más “tradicionales”.
Las estrategias de comunicación, en especial en el diálogo intercultural, han fallado por la falta de comprensión y empatía que tienen los dialogantes. Los beneficios planteados por una parte pueden ser incomprendidos o hasta resultar irrelevantes para la otra.
Si bien la incapacidad de consenso puede deberse a resistencias motivadas por intereses particulares ajenos al tema en debate, muchas otras se deben a la disimilitud entre los criterios con que las partes entienden las propuestas. Este caso es común en el diálogo intercultural, entre Estado y/o empresas, y comunidades indígenas, por ejemplo.
Las barreras en el diálogo intercultural no nos conciernen exclusivamente a los peruanos. Brechas culturales tan profundas como las que existen en países posconflicto como Irlanda del Norte, Georgia, Israel, Ruanda o Sudán, difícilmente son resueltas puramente con diálogo. En estos países, el “teatro interactivo” ha brotado como un eficaz instrumento para la resolución de conflictos interculturales y sería saludable que se considere como herramienta de consenso en el Perú.
El teatro interactivo tiene como audiencia a las poblaciones afectadas. La obra representa el desencadenamiento de eventos negativos a partir de decisiones que toman los personajes de la historia. Se observará que el alcoholismo conduce a la violencia; el endeudamiento irresponsable, al estrés; y que el crimen espanta a la inversión y produce desempleo.
Al culminar la puesta en escena, se inicia una repetición de la obra en la que se invita al público a subir al escenario, en el momento que deseen suplantar a algún personaje y tomar una (mejor) decisión en su lugar.
A través de la intervención del público en el proceso de toma de decisiones, se busca centrar la atención sobre temas relegados. La participación obliga al espectador a evaluar acciones familiares desde un punto de vista analítico de causa-efecto, en el que se consideran las consecuencias a corto, mediano y largo plazo de conductas puntuales. Este tipo de razonamiento fomenta culturas preventivas y consecuentes.
Adicionalmente, se empodera a quienes usualmente no tienen oportunidad de expresar su opinión dentro de una comunidad, y se permite el debate y ensayo de alternativas que parten desde los diversos puntos de vista dentro de un grupo.
En la actualidad, la reforma más urgente debe darse en el campo de comunicación en proyectos de extracción de recursos en comunidades rurales. La puesta en escena pudiera representar más claramente los perjuicios que un clima infavorable a la inversión puede suscitar (menor recaudación tributaria, insuficientes servicios públicos, menor empleo). A la vez, permitiría el análisis y debate entre la población local, permitiéndoles expresar gráficamente sus dudas y preocupaciones (impacto ambiental o cultural) frente a los proyectos.
Si bien el diálogo y compromiso entre autoridades es la forma legítima y aceptada de consenso, la técnica aquí propuesta proveería un entendimiento a nivel de comunidad, que las autoridades deben luego representar. Si el Estado y/o la empresa, insiste en presentar los beneficios de la inversión desde su propio punto de vista y en su lenguaje, y las comunidades condenan los posibles perjuicios desde su propia órbita, difícilmente se logrará la comprensión, y menos aún el consenso.
No podemos seguir dándonos el lujo de dejar que gobierne la incomprensión y desacuerdo entre peruanos que tenemos una meta en común: el desarrollo de nuestro país. Es hora de hablar el mismo idioma.
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