(Publicado Originalmente en CONTACT de AMCHAM Perú, Diciembre 2011)
La responsabilidad social empresarial (RSE) pretende ordenar la dinámica actividad económica: la iniciativa GRI, pretende ordenar la dinámica responsabilidad social empresarial. El crecimiento de la producción en los noventas fue tan acelerado como desordenado. Una de las manifestaciones de vehemencia fue el descuido de la sostenibilidad de las empresas en el tiempo a través de la relación con grupos de interés o stakeholders más allá del accionariado (trabajadores, comunidad, gobierno, clientes). Posteriormente, se adoptaron estrategias de reivindicación de éstos factores en el planeamiento de las empresas bajo el rótulo de responsabilidad social empresaria (RSE). No obstante, la RSE se edificó sobre el preexistente desorden y hoy se ve en la necesidad de su propio reordenamiento.
La Iniciativa Global de Reporte (GRI, por sus siglas en inglés) surge como una avenida para homogenizar, estandarizar, monitorear y sincerar las cada vez más valoradas gestiones de RSE.
El intensivo proceso de privatización de los noventas liberó un dinamismo empresarial reprimido. El crecimiento fue cuatro veces mayor que el de la década anterior, pero careció de un eficiente y comprehensivo planeamiento. Ello saltó a la atención nacional entrando al nuevo milenio, mientras el mundo adoptaba indicadores de desarrollo económico integral, y el Perú giraba la atención sobre los descuidos laborales y sociales en los que se había venido creciendo.
Se concluyó que el descuido de la relación de las empresas con la totalidad de sus grupos de interés afectaba a su propia sostenibilidad en el tiempo. La RSE se erigió como un alto valor de la empresa, y la principal avenida para ordenar su actividad, impacto y sostenibilidad.
No obstante, un valor invalorable es un valor nulo. A diferencia de la utilidad de una empresa, expresada en dólares y calculada según una fórmula universal, un reporte de RSE se presta a variados contenidos y métodos de elaboración. La naturaleza de los programas es diversa: mientras Backus promueve el consumo alcohólico responsable, el BCP elabora herramientas de aprendizaje virtuales para escuelas públicas y Edelnor educa sobre los valores nutricionales de la papa.
Por ello, sin indicadores o estándares comunes, las evaluaciones se hacen difíciles, abstractas e incomparables entre sí, y por ende, inútiles. Considerando que la base de la RSE es el impacto que la actividad genera en los diversos grupos de interés, es vital que a ellos se les comunique claramente sobre los resultados de la gestión de la empresa.
Una deficiente comunicación o comprensión, minaría los esfuerzos del fortalecimiento de la relación con los stakeholders, y contra la propia sostenibilidad de la empresa. Los proyectos mineros de La Conga y Tía María, son ilustrativos ejemplos de inversiones que peligran en contextos de deficiente comunicación entre inversionista y grupos de interés.
Como respuesta a la situación descrita, emergió y predominó el reporte de sostenibilidad GRI, que busca institucionalizar y hacer transparente la manera en que las empresas reportan y comunican su actividad de RSE.
La GRI califica con notas entre A+ y C, el grado y rigurosidad de compleción de una lista de 79 indicadores que deben ser previamente consensuados entre empresa y stakeholders. Éstos contemplan indicadores de performance económica, ambiental y social de la actividad como generación de empleo local, emisión de CO2, y fatalidad, respectivamente.
Los reportes se elaboran por la propia empresa o una auditora externa para una mejor calificación, y luego es calificada y certificada por la GRI en Rotterdam, Holanda. En el 2010, más de 1800 empresas a nivel mundial fueron certificadas; el 14% provino de Latinoamérica.
En el Perú, la iniciativa ha sido recogida por 40 empresas, e impulsada por Perú2021, capacitador oficial de reportes de sostenibilidad GRI. Cecilia Rizo Patrón, Directora de Gestión del Conocimiento de Perú2021, ha supervisado reportes GRI de 8 empresas en el país, incluyendo a Antamina, Backus, BCP y Refinería La Pampilla.
“El principal beneficio que ven las empresas en seguir la metodología GRI, es que permiten a la empresa ser transparente con sus grupos de interés; pudiendo convertirse en valiosas fuentes de retroalimentación” argumenta Rizo Patrón.
“Mientras más y mejor reporte, genero la posibilidad de recibir más y mejores recomendaciones de parte de mis stakeholders. De esta manera hago una auto-evaluación de la labor de RSE que me permitirá cambiar o afinar el rumbo de mi gestión, según los resultados que obtenga.”
A estos beneficios, debe sumársele la creación de una conciencia de responsabilidad social a nivel de sociedad. Esto se refleja en mejor reputación y aprecio en el mercado por empresas socialmente responsables. De hecho, los estudios demuestran que existe una correlación positiva entre incrementos en la cotización de una empresa en mercados bursátiles y su progreso en gestión y reporte de RSE.
En países como Inglaterra, Dinamarca y Japón, esta conciencia ha desembarcado en legislación que exige reportes de sostenibilidad a empresas que deseen cotizar en bolsa. Además de la ventaja de una imagen favorable de una empresa frente a su público, existe el beneficio directo al inversionista de un aseguramiento de la sostenibilidad de su inversión. Un cada vez mayor número de organizaciones inversionistas transnacionales, restringe su portafolio a acciones de empresas de transparentes gestiones de RSE. Es necesario que las empresas peruanas mejoren su calidad e información de RSE y no se vean rezagadas en la competencia por captación de capitales extranjeros cada vez más conscientes socialmente.
La adopción de políticas de RSE por el empresariado nacional e internacional es un importante paso para la conciliación del desarrollo económico con el de los diversos grupos impactados por la actividad. Especialmente, en el contexto político y social actual, en el que se suele antagonizar a la inversión privada y al desarrollo integral de la población, es de suma importancia que exista clara y eficiente comunicación con los stakeholders.
La GRI, surge como la principal alternativa para establecer estándares en los que se ejecuten, reporten, comuniquen y midan estas gestiones. Además de legitimar a la empresa con sus grupos de interés, los reportes de sostenibilidad pueden generar beneficios directos en valorizaciones ante inversionistas.
Por sobre todo, debe tenerse en especial consideración la aparición de esta herramienta como antídoto contra la trampa de estigmatización en la que la actividad privada estuvo enfrascada mucho tiempo: la supuesta contraposición de sus intereses lucrativos y el bienestar de la sociedad en su conjunto. Con orden y a través de iniciativas como la GRI, la RSE concilia y potencia lucro y bienestar.
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